Letras tu revista literaria

sábado, 6 de marzo de 2010

El misterioso libro



Las hojas de las palmeras de agitaban como bailarinas extasiadas en un danza infinita sopladas por el viento que feroz ululaba como un desposeído de la razón. Al fondo de la pequeña calle apareció la negra silueta de una persona. Solitaria la calle, azotadas por el viento las farolas creaban una tenebrosa escena de figuras chinescas. El agua caía con fuerza precediendo a otro diluvio, menos bíblico. La figura se fue haciendo enorme al ir acercándose. Un hombre de dos metros de altura, con el rostro redondo, los ojos entrecerrados por efecto inconsciente, las manos dentro de la gabardina de color gris oscuro. Los labios apretados en un rictus casi beatifico, las mandíbulas apretadas como queriendo retar al viento y a la lluvia. Su sombra se hizo omnipresente zigzagueando se deslizó hasta la esquina. Las hojas de las palmeras siguieron su danza endiablada como bailarinas rusas en decadencia y dopadas con alguna botella de vodka.

Cien metros más abajo. El viejo librero decidió dar por acabada su jornada laboral, aunque él era de esos lectores empedernidos que viven, trabajan, y mueren por la literatura, lo único que le había faltado, al viejo librero, había sido haber tenido la capacidad de escribir, cosa que había sido imposible, sin embargo era un lector incansable, un roedor de galeradas como el viejo Borges, un infatigable lector ávido de lectura; por ende, leía, leía, casi las veinticuatro horas del día. El viejo librero apagó las luces de su pequeña librería. Cerró la puerta con llave un día más, ya llevaría unos catorce mil seiscientos días haciendo la misma operación. Pero esta noche se ha entretenido algo más por haber recibido la visita de un escritor amigo de todos los tiempos, escritor que le ha dejado un misterioso libro, al menos eso es lo que le ha dicho, toma este libro Anastasie, y guárdalo bajo llave, es un libro muy valioso, pero no lo vendas, ni lo entregues a otro que no sea el doctor Paterson. Y luego de despedirse se ha ido, él se ha quedado como siempre ordenando la tienda, si a eso se le puede llamar orden, porque en la librería de viejo impera el caos, como si allí se hubiera dado cita el universo entero que se construye y destruye constantemente.

La mole de dos metros con el rostro entre infantil y alelado, saca la mano del gabán empuñando un revólver, y, sigilosamente, dejando su sombra tras él como una espía misteriosa, se acerca a la librería de viejo. El viejo Anastasie termina la operación de cerrar y dando media vuelta, sin intuirlo, encara al mazacote que con el rostro algo desencajado le apunta con la pistola.

-Déme el libro misterioso que le han entregado hoy- apunta nervioso debatiéndose entre el mal y el bien, o al menos entre lo que el gentil mastodonte entiende por ello.
-Qué libro misterioso ni diablos- responde el viejo librero sin inmutarse como si su asaltante fuera un personaje de ficción y él el escritor que lo ha creado y tiene el absoluto control sobre el mismo.
-No se haga el valiente y déme el libro, no se lo diré más- amenaza el matón, temblando si cabe, aún más. Las hojas de las palmeras siguen en su danza infinita arrebatas ya de razón, y fundiéndose en un éxtasis sideral en los brazos del viento que grita en una especie de orgasmo cósmico.
-No sé de qué me habla- encara el viejo al grandullón y sin más se da media vuelta y sigue calle abajo perdiéndose al volver la esquina. El matón queda atónito debatiéndose entre el miedo a disparar, o enfrentarse a su jefe, que lo descuartizará por no haber conseguido lo ordenado. Pero, de todos modos, se dice el gigante, me descuartizaría porque si disparo a ese viejo testarudo no tendré el libro, y sin el libro mejor no aparecer ante el señor Seen.
El mazacote sigue debatiéndose en su dilema mientras el viejo librero entra en el café de Las Aguas, allí lo espera el señor Seen que hoy pagará un buen precio por el libro misterioso. Afuera, las palmeras, arrebatadas de pasión como amantes enloquecidos por el sexo, sucumben al atroz abrazo del viento. La lluvia deja gotas transparentes sobre los cristales de las ventanas de la taberna de Las Aguas, afuera se oyen disparos.



lunes, 1 de marzo de 2010

Arenas movedizas

el barco a lo lejos deja vislumbrar lo que podía ser un hilo de realidad…
la bruma de la tarde engulló la quilla del mismo y luego las velas fueron a formar parte de las nubes, el viento silbó en las rocas…   
en el horizonte negras nubes aventaban a las vacas, y un club de urracas sobrevoló los cimientos de mi existencia...
...la vida parece estar construida sobre arenas movedizas…

Poema incluido en mi novela Buscando versos malditos








Fotografía E. de Juan

martes, 23 de febrero de 2010

El delirio del viento

Fotografía de E. de Juan

abre los pétalos la flor ante la fina lluvia de tus ojos
y en la ventana caen sobre su tallo…
de avena cortado por los delirios del viento
como un grano de trigo que cae limpio al ser aventado por el hombre…

(poema incluido en mi novela Buscando Versos malditos)

martes, 16 de febrero de 2010

Gatos que en celo se deslizan por los tejados


Cuando sueño con tus besos/ besos de farra y trasnoche/cuando me hundo en tus brazos/ siento que el mundo se rompe/ vierte en mi vaso el tequila/ que nos dará la medida/ de enfrentar esta batalla/ cuando ya no nos queda vida/.
Poema incluido en mi novela Buscando versos malditos









Fotografía E. de Juan

martes, 9 de febrero de 2010

La luna oscura de tus labios


El amor es sin ti/Una luna oscura/El amor es sin ti/El comienzo de esta locura/Llena esta copa camarera/Que los ángeles me esperan afuera.

Poema incuido en la Novela Buscando versos malditos, de Salvador Moreno Valencia









Fotografía E.de Juan

viernes, 29 de enero de 2010

La leshe en polvo


-Te han dicho alguna vez que eres la leshe en polvo, o un polvo de leches?

-         Bueno sí. Una vez me confundieron con una vaca, y otra (en el colegio cuando yo tenía cinco años), me dieron leche en polvo, y yo no supe qué hacer con ella, así que me la comí con el agravante de que se me quedaba pegado, el polvo de la leche, al paladar, y no veas lo mal que lo pasé; ese día decidí fugarme de la escuela, y lo hice llevándome de compañero a un gitano (que algunos años más tarde, en una discoteca en la que yo también estaba, pero ya sin que nos reconociéramos, el gitano, le metió tres puñaladas a un compañero de mi clase, un tal Cerezo, más bueno que el pan y que aquel sábado había decido ir por primera vez a la discoteca, teníamos 18 años, el joven Cerezo murió, el gitano, cómplice de mi fuga infantil, fue a la cárcel).

Aparecimos, el gitano y yo, aquel día de la fuga cuatro o cinco horas más tarde, y a mí me calló la de San Quintín y todas las tempestades juntas. No volví a tomar leche en polvo nunca más.

Cuando yo ya había olvidado el episodio de la leche en polvo, la fuga y la paliza que me dieron, consecutivamente, primero mi madre y más tarde, cuando regresó del trabajo, mi padre, me encontré por la calle con un tipo con semblante de malo, como avinagrado de carácter, y alguien que estaba conmigo en ese momento me dijo: ese es Er Cano, el gitano que mató al pobre Cerezo. Y recordé el día de la fuga, la jauría de perros que nos acompañó, compuesta por galgos, al menos a mí me lo parecieron porque estaban esqueléticos; mi padre tenía un galgo al que se le notaban las costillas, y no era de no comer, que eso creía yo, era de constitución como decía mi padre que era cazador aficionado. Y acompañados de aquella jauría y con la ilusión y la candidez propias de esa edad, nos recorrimos el futuro asesino y yo los ríos del pueblo donde nos habíamos ido a vivir por cuestiones de trabajo, decía mi padre, y de progreso, remataba.

Ni Er Cano, ni yo en aquella inocente fuga, podíamos haber imaginado que un día, él se convertiría en asesino y yo en escritor, o lo que es lo mismo: en dos fracasados del Sistema que nos intentó amamantar tardíamente y como queriendo expiar sus pecados ( y las atrocidades que había cometido, y que en menor medida seguía cometiendo), dándonos por las mañanas, nada más llegar al colegio, un vaso de plástico y una cazo de leche en polvo que debíamos mezclar y diluir para tomar, con el fin de convertirnos en hombres hechos y derechos que pudiéramos servir a dios y a la patria.

Er Cano y yo probablemente nos torcimos porque no nos bebimos la leche, pero sí mamamos la mala leche.


sábado, 23 de enero de 2010

Pensamientos de un nihilista en pos de matar la literatura

A Vila- Matas por
El mal de Montano





 Fotografía E. de Juan: http://photo.net/photos/joio

Si pusiera el mundo a mis pies, ¿sería una estrella, un meteorito, muertos hace quince millones de años?

Soy un gusano en la manzana hueca del tiempo.


¿Pienso luego existo

la muerte homicida del pensamiento

dejo de pensar luego ya no existo?


Soy un espermatozoide entre millones de espermatozoides

luchando por fecundar el óvulo, pero sólo uno logrará conseguirlo.

Desde el principio estamos condenados a la supervivencia.

¿Piensan los espermatozoides luego existen?

¿Tienen los espermatozoides el mal de Montano?

viernes, 22 de enero de 2010

La manzana podrida





Ahora que soy un gusano dentro de la gran manzana
Ni siquiera puedo llegar al corazón.

salvador moreno valencia












Fotografía E. de Juan

lunes, 18 de enero de 2010

La calle tiene gatos y espejos…

Vuelve la copa a cegar mis sentidos
y en la maraña de la niebla
tus ojos miran al infinito
buscando el rostro del niño.

(Poema incluido en la novela Buscando versos malditos)


Fotografía de E. de Juan

miércoles, 13 de enero de 2010

Buscando versos malditos


Tengo el alma desnuda
sin piel
Sólo huesos en mi corazón.

Este es un poema que he incluido en mi novela "Buscando versos malditos"






Fotografía de E. de Juan