Letras tu revista literaria
miércoles, 4 de abril de 2012
viernes, 30 de marzo de 2012
Huir, huir…
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| Fotografía E. de Juan |
Huir hacia una selva enmarañada.
Donde un enjambre de millones de celdas
muestra su simetría vertiginosa.
muestra su simetría vertiginosa.
Huir hacia el desierto
que se abre ante los ojos del sediento
mostrando sus espejismos acuosos.
que se abre ante los ojos del sediento
mostrando sus espejismos acuosos.
Huir de los hilos tejidos
de los que pendemos
como insignificantes insectos
que serán devorados por el gran monstruo.
de los que pendemos
como insignificantes insectos
que serán devorados por el gran monstruo.
Huir desde una enmarañada selva hasta el hilo del vértigo
que corta Átropos.
Del poemario Cuaderno de la huida de Salvador Moreno
Valencia
miércoles, 28 de marzo de 2012
¡GANADOR/A DEL CONCURSO DOSMÁSUNA!
Estimados amigos seguidores de Reflexiones en el limbo, nuestra mano inocente ha sido la responsable de sacar la bolita en la que constaba el nombre de EL/LA GANADOR/A del concurso dosmásuna: UN EJEMPLAR EN PAPEL del libro de relatos DOSMÁSUNA.
EL/LA GANADOR/A es Jenifer Humanes, que recibirá en su domicilio el ejemplar del citado libro. ¡FELICITACIONES JENIFER!
EL/LA GANADOR/A es Jenifer Humanes, que recibirá en su domicilio el ejemplar del citado libro. ¡FELICITACIONES JENIFER!
lunes, 26 de marzo de 2012
Relatos del libro dosmásuna
Hoy lunes publico el último capítulo de Tais y la leyenda del farol nórdico titulado "El minotauro", incluido en el libro dosmásuna.
Esta misma tarde tendrá lugar el sorteo entre los seguidores de este Blog. El premio como ya sabéis es un ejemplar en papel del libro de relatos dosmásuna.
El ganador será anunciado el miércoles día 29 de marzo de 2012 en este Blog.
(Gracias por seguirme)
El minotauro
Esta misma tarde tendrá lugar el sorteo entre los seguidores de este Blog. El premio como ya sabéis es un ejemplar en papel del libro de relatos dosmásuna.
El ganador será anunciado el miércoles día 29 de marzo de 2012 en este Blog.
(Gracias por seguirme)
1
Tais y la leyenda del farol nórdico
El minotauro
Tais
quedó esperando y observando al gato encaramado al árbol. La noche no parecía
nada extraña, o al menos no tenía nada de nuevo: los mismos sonidos propios del
campo. La misma oscuridad propia de días de luna nueva. Y los mismos miedos
agazapados en las sombras de los árboles que se mostraban dibujando los
monstruos que ella llevaba en su cabeza.
Tom
volvió con la misma sonrisa y el mismo gesto de amabilidad inquebrantables.
-Aquí
tienes, el viejo Fran ha salido a pescar, en noches como esta suele ir al lago
porque mantiene que es la única oportunidad que tiene de poder dar pesca a un
pez con el que, yo creo, incluso, habla.
-Podíamos
ir- dijo Tais encendiendo el cigarrillo como si este acto le hubiera producido
la fuga de sus temores.
-El
viejo Fran no quiere que nadie le moleste en las noches que va al lago, dice
que el pez al que persigue huele a otros a leguas y no se digna en aparecer. Yo
le he preguntado que si huele a otros cómo es que no lo huele a él- se detuvo
Tom y fue a sentarse frente a Tais en una butaca mecedora-, y ¿sabes qué me
contesta siempre que le hago esta pregunta?- esperó Tom una respuesta; Tais
hizo un gesto con la cabeza negando, y él siguió-, siempre dice que su olor es
inaccesible a los peces, o a cualquier tipo de animal que en la tierra viva, e
incluso- se ríe en este punto, con su peculiar sonrisa, que al principio me
daba miedo, ya no, la costumbre, ¿sabes?- a los hombres. Yo no lo creía pero
con el tiempo fui dándome cuenta que Fran carece de olor alguno, al menos del
característico que tenemos los humanos. Él no tiene olor, cosa extraña.
-Sí,
es algo extraño- dijo ella acabando su cigarrillo, buscó un lugar donde
deshacerse de su colilla y Tom se adelantó para decirle que no se preocupara
que ya lo hacía él, así que cogió la colilla y fue dentro de la casa para
deshacerse de ella. Tais miró a la oscuridad impenetrable del bosque y se
estremeció al ver dos refulgentes luces que desde la profundidad la observaban.
Se
sobresaltó con la vuelta de Tom que apareció con el sigilo característico en
él.
-Perdona,
¿te he asustado?- preguntó acercándose por la espalda a Tais.
-No-
respondió ella sin darse la vuelta.
La
mano de Tom fue a parar sobre el hombro de Tais, cuando se dio la vuelta el
minotauro estaba allí.
Del libro de relatos dosmásuna. Comprar el
libro: http://www.bubok.es/libros/16898/dosmasuna
domingo, 25 de marzo de 2012
Del que huye
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| Fotografía E. de Juan |
No puedo saber más que por mi propia experiencia.
Huir, huir, alternativamente: La huida.
Los fracasos, los sueños mutilados. Es la huida: ¿De qué, de quién, por qué?
Los fracasos, los sueños mutilados. Es la huida: ¿De qué, de quién, por qué?
Del hombre domesticado
Del hombre que ofrece una falsa caridad
Para no dejar de ser un soñador
Del hombre que ofrece una falsa caridad
Para no dejar de ser un soñador
Huir del miedo y por éste
huir del conformismo y por éste
huir de la caridad
que ofrecen hombres perversos en nombre de un dios inventado.
huir del conformismo y por éste
huir de la caridad
que ofrecen hombres perversos en nombre de un dios inventado.
Del que huye y es al fin el que no escapa de sí mismo.
Del poemario Cuaderno
de la huida de Salvador Moreno Valencia
viernes, 23 de marzo de 2012
Adaptación
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| Fotografía de E. de Juan |
Voy a dejar mis libros, mis cuadros y mis sueños.
Cortaré mi pelo, quitaré mi pendiente, vestiré como dios
manda.
Seré sumiso, obediente y guardaré silencio ante la injusticia.
Me ataré para siempre, tendré hijos, trabajaré duro
para ellos.
Dejaré de beber, de fumar, de mirar, de follar: solo follaré para procrear como dice su santidad.
Seré un hombre de bien y todos me respetarán.
Tendré varias casas, varios coches, varias amantes. Seré un idiota más.
Quemaré mis libros, mis cuadros, y mis discos.
Consumiré como un autómata.
Tendré varias casas, varios coches, varias amantes. Seré un idiota más.
Quemaré mis libros, mis cuadros, y mis discos.
Consumiré como un autómata.
Desperté… y el
dinosaurio estaba allí: Desobedecí.
Poema del poemario Barro en los zapatos, autor Salvador Moreno Valencia
miércoles, 21 de marzo de 2012
Relatos del libro dosmásuna
(Queda el capítulo titulado El minotauro que será publicado el próximo lunes día 26 de marzo de 2012 para inciar el sorteo, entre los seguidores de este Blog, del libro dosmásuna en papel. El ganador será anunciado el miércoles día 29 de marzo de 2012 en este Blog).
1
Tais y la leyenda del
farol nórdico
El lago
Cuando
llegaron a la casa de Tom era noche profunda y en el silencio de la misma se
dibujaron las notas musicales de un búho en el pentagrama del infinito
universo.
-Ya
hemos llegado- dijo Tom cuando detuvo el coche para bajar y abrir la cancela.
-Está
muy oscuro, por favor no apagues la luz- respondió Tais con el frío en los
huesos. Era un frío lejano como venido de otro tiempo, el sueño que con
frecuencia solía tener cuando se angustiaba demasiado por un tema en concreto.
El frío de los fiordos nórdicos llegaba para abrir las puertas del abismo a los
toros negros de la reina Tais que arrasó los pueblos vecinos en pos de
encontrar al minotauro con el que pretendía perpetuar su raza. Era un sueño
recurrente y que la dejaba helada, pero en él siempre refulgía una llama en un
farol. El farol nórdico que había comprado le recordaba al del sueño.
Tom
abrió la cancela y volvió al auto, dos perros enormes salieron al encuentro de
los recién llegados. Eran One y Avla dos mastines del pirineo que Tom había
comprado en su primer y único viaje por Europa. A Tais los perros le gustaban
mucho, y la presencia de aquellos canes le produjo alegría y seguridad porque:
¿qué bestia u hombre podía adentrarse en el territorio de dos animales como
aquellos?
-No
te preocupes One y Avla son muy cariñosos- dijo Tom para que Tais no tuviera
miedo de ellos. Lo que no sabía Tom era que a ella le encantaban los perros.
-No
me dan miedo, todo lo contrario- le respondió ella para mostrarle su
satisfacción al saberlos allí-, los perros son mi debilidad y estos parece que
están dispuestos a ser buenos amigos míos.
-Sin
duda, ya verás cómo se desviven por ti- dijo Tom dirigiendo el automóvil al
garaje.
En
la puerta de la casa se encendieron sendas farolas cuando los recién llegados
se acercaron. ‘Tom no vive solo’ pensó Tais.
-¿Hay
alguien en casa?- preguntó para salir de dudas.
-Sí,
no te lo he dicho porque lo olvido, siempre me olvido de Fran, es como una
parte más del bosque, un árbol, una piedra, o una casa, que te habitúas a
verlos en el mismo lugar con la misma actitud, si es que su estar se puede
definir como actitud, es como la indeferencia que produce la cotidianidad, el
día a día. He visto a Fran desde que era un niño, y siempre ha sido igual, no
ha cambiado desde entonces.
-¿Fran
vive contigo o trabaja para ti?- preguntó Tais.
-Ni
lo uno ni lo otro, pero podríamos decir que Fran y yo tenemos un trato e
intercambiamos servicios- respondió Tom acercándose para abrirle la puerta a
Tais.
Tais
odiaba a todos los hombres que hacían eso, que intentaban mediante gestos, que
ella consideraba machistas, ser caballerosos cosa que le removía el estómago.
-No
hace falta que demuestres tu caballerosidad- dijo al abrir la puerta sin dar
opción a Tom a abrirla.
-Sólo
pretendía ser amable- protestó el bombero algo dolido por el rechazo hacia su actitud
por parte de Tais.
-No
te ofendas pero no soporto esos detalles, van en contra de mis principios- se
disculpó ella buscando con la vista la figura de Fran que no aparecía por
ningún lado.
-Ten
cuidado con ese zalamero- dijo Tom invitando a Tais a pasar al interior.
-Podríamos
quedarnos un rato aquí en el porche, la noche es muy agradable; ¿tienes un
cigarrillo?- propuso ella que terminó por sucumbir al vicio del tabaco, afición
que había dejado hacía unos tres años; pero algo aquella noche la incitó a
pedirle a Tom un cigarrillo.
-No
tengo, no fumo, pero Fran si lo hace, así que iré a buscar uno de sus cigarros;
creo que él fuma tabaco negro, la verdad es que no puedo decirlo porque no soy
un experto en tabaco, sin embargo sí en fuegos- le dedicó una leve sonrisa a
Tais y desapareció tras la puerta. En ese momento a Tais la recorrió un
escalofrío y el gran gato pardo de un salto se encaramó a la copa de un
frondoso roble que presidía el pequeño jardín.
Del libro de relatos dosmásuna. Comprar el libro: http://www.bubok.es/libros/16898/dosmasuna
lunes, 19 de marzo de 2012
Relatos del libro dosmásuna
1
Tais y la leyenda del
farol nórdico
El baile
Tras
el fortuito y desagradable encuentro con la garra que se difuminó en la negrura
del lago dejando a Tais medio moribunda tumbada sobre el suelo, Tais recobró la
fuerza y lo primero que hizo fue coger el farol, apagarlo, y luego salir con
determinada osadía hacia el lugar donde lo había comprado. Pero no encontró la
destartalada tienda al lado de la carretera. ‘¡No puede ser!’ se dijo perdiendo
la seguridad que siempre la había caracterizado. Pero sí podía ser, en la
carretera no había más que un montón de escombros que ocupaban el lugar donde
por la mañana se había detenido, por desgracia, para comprar las chucherías de
los viernes. Se frotó los ojos una y otra vez hasta casi llevarlos al estado de
hinchazón por la fricción, pero pese a su empeño, la tienda seguía sin aparecer
en el lugar que antes había ocupado.
Como
hasta el pueblo había poca distancia Tais decidió ir allí, entre otras cosas
porque después de lo sucedido no se atrevía a volver a la casa. En el pueblo
como de costumbre los viernes por la tarde, ya casi anochecido, se celebraba
una especie de verbena o baile en el que participaban todos los habitantes, con
muy pocas excepciones: un par de hombres de color que vivían en lo que antaño
había sido una mansión habitada por el viejo gobernador, un estafador de
provincias que tuvo que escapar por la noche para evitar su linchamiento, no en
vano se había quedado con todos los ahorros del pueblo, y con algunas grandes
cifras que pertenecieron a tres grandes ranchos que rodeaban el pueblo.
En
la plaza, un lugar variopinto por sus estrafalarias y variadas construcciones,
bailaban ajenos a su entorno los felices paisanos, que estando tan ensimismados
en su tarea de no pisar a sus parejas no se percataron de la presencia de Tais
y menos de que en su mano derecha portaba el farol, encendido de nuevo y por acción
ajena a la voluntad de la maestra que temblaba de miedo sin atreverse a soltar
el asidero de la luminaria como si a ella hubiera sido soldada o remachada como
hacían los antiguos artesanos con las esculturas de bronce. La gente siguió
afanada en su quehacer danzarín, Tais se dirigió hacia el lugar que ocupaba la
orquesta ‘un señor barrigudo con pelo crespo y una ristra de medallas colgadas
de la pechera de su vieja americana’; pero nadie, ni el mismo hombre orquesta
parecía percibir las presencia de la maestra. Sólo un gato gris de pelo largo
se acercó con ronroneo casposo y se restregó entre las piernas de Tais; el
farol volvió a apagarse en el preciso momento en el que la oronda orquesta daba
por finalizada la pieza que había hecho danzar a los pueblerinos como muñecos
de una caja de música. La gente aplaudió al multiforme músico. El gato
despareció tras un arbusto. Entonces Tais fue avistada por Tom, jefe de
bomberos de Mutter y éste se acercó con ensayada actitud poniendo en evidencia
su torpeza a la hora de dirigirse a una mujer.
-¡Buenas
noches señorita Siat!- dijo enseñando tímidamente su blanca dentadura.
-¡Buenas
noches señor Siniqui, mi nombre es Tais, no Siat!- respondió ella con educación
y algo de recato.
El
farol volvió a encenderse y la mano de Tais que aferraba el asa del mismo
parecía haberse echado a arder porque un calor intenso recorrió sus dedos y
luego fue subiendo por todo su brazo hasta apagarse en el omoplato como se
apaga un ascua en un cubo de agua.
-¿Lo
ha visto usted?- preguntó alterada.
-¡Ver
qué señorita!- respondió Tom rascándose la cabeza que brillaba por su
incipiente calvicie.
El
gato volvió al escenario donde el hombre orquesta se disponía a seguir con su
concierto. Cuando sonó el primer compás Tom invitó a Tais a bailar y ella
aceptó con la desesperación de deshacerse del dichoso farol y dejándolo sobre
el suelo se dejó llevar por la torpeza bailarina del jefe de bomberos que más
que un ágil bailarín parecía un concursante de una carrera de sacos.
El
farol volvió a pagarse y tras el arbusto por donde minutos antes desapareciera
el gato gris apareció una garra que asió el asidero de la lámpara y la arrastró
hacia su propietario.
Tais
esa noche no regresó a casa porque prefirió la compañía del robusto bombero,
aunque no fuese, precisamente, lo que ella prefería a la hora de tener
relaciones con un hombre, pero el miedo fue mayor que sus convicciones y sin
dudarlo se echó en los brazos del que por el momento había sido su salvador.
Del libro de relatos dosmásuna.
Comprar el libro: http://www.bubok.es/libros/16898/dosmasuna
viernes, 16 de marzo de 2012
Quizás en la huida
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| Fotografía E. de Juan |
Huir como si en la huida se encontrara la salida.
Huir, huir, quizás no es la solución,
quizás tampoco es no hacerlo, huir, huir del conformismo.
quizás tampoco es no hacerlo, huir, huir del conformismo.
Huir, huir de la sensación de ser cobarde,
hacia adelante, hacia adelante
como se dirige al cementerio el elefante.
hacia adelante, hacia adelante
como se dirige al cementerio el elefante.
Huir, huir en silencio para no ser oído ni visto,
huir, huir por la puerta trasera
hastiado de las puñaladas de misericordia de los hombres
enajenados, cegados por el falso arcano.
huir, huir por la puerta trasera
hastiado de las puñaladas de misericordia de los hombres
enajenados, cegados por el falso arcano.
Huir, huir, entregando las margaritas a los cerdos.
Del Cuaderno de la
huida de Salvador Moreno Valencia
miércoles, 14 de marzo de 2012
Relatos del libro dosmásuna
1
Los demás profesores y profesoras saludaron
al unísono de forma automática.
Del libro de relatos dosmásuna. Comprar el libro: http://www.bubok.es/libros/16898/dosmasuna
Tais y la leyenda del
farol nórdico
La clase
En
la escuela saludó, al llegar, al director, Antony Mardigan, que estaba a punto
de jubilarse y que había sido el único director que aquella escuela rural había
tenido. Tuvo una directora hacía mucho tiempo, justo antes de que llegase Antony
al pueblo destinado desde la gran ciudad, Wiquita que se encuentra al norte de
Mutter. Pueblo que ahora la recibía en su papel de profesora de los niños de
infantil. Tenía a su cargo la clase 4C ,
veinticinco entre niños y niñas, donde las segundas eran más numerosas que los
primeros.
-¡Buenos
días señor Antony!- saludó educadamente Tais.
-¡Buenos
días señorita Tais!- respondió son su característica sonrisa el director.
-¡Buenos
días Anny!- saludó Tais a Anny la otra profesora que tenía a su cargo otros
veinticinco niños, pero estos de primaria 3ª.
-¡Pero
Tais!, ¿qué tienes ahí?- dijo el director dirigiendo su mirada hacia el farol
que Tais asía en su mano derecha.
-Nada
importante señor Antony, un farol que el tendero de la carretera me ha vendido-
respondió Tais sin darle importancia a la antigualla que acababa de adquirir.
-Déjame
verlo- se adelantó Anny casi arrebatándole el farol de la mano-, ¡no puede ser,
esto es un farol nórdico!- dijo Anny ya con el farol en su poder-. Sí es un
auténtico farol que se usaba en los países nórdicos en los siglos dieciséis,
diecisiete, dieciocho, diecinueve y principios del veinte, aunque todavía lo
usan en algunas granjas, pero muy al norte, ahora es más una pieza decorativa,
cuyo valor es exiguo. En su tiempo fue la forma de iluminación por excelencia
en aquellos países- terminó Anny, dando por sentada su erudición sobre el farol,
no en vano era la profesora de historia. El director le arrebató el farol a
ésta y lo observó detenidamente y dijo:
-Yo
he visto este farol en algún sitio, pero no recuerdo dónde- se rascó la cabeza
como si con ello consiguiera traer a su memoria el lugar donde había visto el
farol. Desistió y lo devolvió a la mano de Tais que un tanto extrañada, los
miraba a ambos. Sonó la campana para entrar en clases, y tras su sonido el aire
se llenó del murmullo que hacían los niños, mientras en fila se dirigían a sus
aulas.
Tais
fue por el pasillo hasta su aula, entró y puso el farol sobre la mesa. Los niños esperaban expectantes que comenzaran las
actividades que los viernes solían realizar desde que Tais llegara al colegio,
al principio del curso, hacía ya tres meses y habían pasado las vacaciones de
navidad. Guardaron silencio y todos quedaron como hipnotizados mirando el
farol. Objeto que a ellos les producía cierta curiosidad, más por su aspecto,
original y muy poco visto por aquellos lugares, tan alejados del lugar de donde
provenía el objeto. Así que Tais no tuvo más remedio que intentar explicar a
los niños lo que la señorita Anny le había contado minutos antes.
Y
los niños embobados escucharon qué utilidad tenía el cacharro, y de dónde
provenía éste. El farol pronto quedó relegado a un objeto más de la clase y los
niños y niñas comenzaron las actividades del viernes. Poco antes de terminar la
clase, Tais repartió las chucherías que acostumbraba a dar los viernes. Cosa
que generó una gran algarabía entre los chiquillos.
Tais
volvió a la casa que había alquilado al lado del lago. Colocó el farol en su
dormitorio y decidió pasar la tarde paseando por los alrededores del lago donde
un frondoso bosque se asomaba dejando que los árboles de la orilla se mirasen en
el espejo de aquellas aguas.
Se
encendió la luz del farol, Tais se quedó perpleja porque aquel acto no había
sido obra de una acción ejercida por ella, ni de sus dedos, ni de su mano, ni
de su brazo; había sido el efecto de la acción de unos dedos, una mano, y un
brazo que no le pertenecían a ella, sí, era él, el portador de la garra de
acero que sin dudarlo ni un segundo aferró el cuello de Tais y comenzó a
estrangularla…
Del libro de relatos dosmásuna. Comprar el libro: http://www.bubok.es/libros/16898/dosmasuna
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