Letras tu revista literaria

domingo, 2 de mayo de 2010

La piel tatuada



En el punto donde nace la columna
de tu cuerpo
se divisa un tatuaje
en la popa de tu barco
introduzco mi ancla
con mis dedos arcaicos
acaricio tu centauro tatuado.

martes, 27 de abril de 2010

EL EMBARCADERO


Fotografía de E.de Juan

El viejo embarcadero, está
Como tantos otros; cansado.
El viejo embarcadero se
Sumerge en las aguas del lago;
De cualquier lago donde brillan
Opacas sus negras aguas.
Hay movimiento de libélulas
Que sortean con sus transparentes
Alas, florecillas silvestres.
Yo pienso, miro el horizonte
De árboles verdes y puntiagudos
Que señalan al cielo como flechas
Vengadoras;
Y,
Las aguas mansas acarician al viejo embarcadero;
Hace ya tanto tiempo
Que las barcas oxidadas navegan por los sueños...
El viento suave y lleno de pájaros.
Hondos y próximos
Caminos se pierden en un laberinto de bosques.
Un motor suena a lo lejos,
Y un coro de distintos
Sonidos de aves flota en el aire
Como una musaraña.
Las casas como solitarias islas
Enseñan sus luces
En las ventanas;
Hilos de humo
Emergen de sus tejados y
En el cielo de óxido
Una tarde se desprende
Del vaporoso día amortajado;
Cinceles de Artista en las plumas del viento.
Esculpe la tierra colores
Sobre el agua y las maderas
Troncos de verdes ramas
Encienden la niebla,
A lo lejos, nuevamente, me detengo
Y unos ojos me miran,
Simplemente, me miran.
En el granero posan sus patas
Los grises cuervos y
Como urracas negras
Vacas dan lamentos
En el prado.
Yo disiento y caigo
En la maraña, musaraña
De mis ojos, miro, observo
Y guardo silencio.
En la orilla dos jóvenes
Se divierten con sus trajes
De baño, y, un pato se deja
Llevar por la corriente.
Los gritos de las locas
Gaviotas se mezclan con
Los de una bandada de grajos.
En el horizonte hay sirenas
De arena custodiadas
Por un Fauno.
El sol se asoma tímidamente
Manchando con dorados trazos
Las aguas de este lago y
El viejo embarcadero sigue
Viendo pasar el tiempo
De oxidadas barcas en el cielo.
Una nube de mosquitos
Baila su danza y
El viento los arrastra
Hacia cuerpos tumbados
Al sol.
Corre el hielo por la punta
De hierro oxidada, de
Tiempo la hora maga
Que ésta luz deshaga
Cobardes contradicciones
Y luchas para nada;
Si vuela el pez,
Al de diez, con un
Guiño yo me subo
A la sirena de arena que extendiendo sus alas
Me invita a volar por los sueños.
Digo adiós a éste viejo embarcadero,
Sobre tablas que envejecen y
Oxidan su tiempo al sol.
Me voy, compro champagne.
Luego me evado y
En familia oigo voces en Babel,
Que hablan o discuten y aun
Sin entender nada
No me pierdo en absoluto
Que de trivialidades
Ya tengo un saco
De conversaciones vanas.

Del Poemario Tenue Poseidón
Salvador Moreno Valencia©
 

domingo, 18 de abril de 2010

Manzanas prohíbidas




Manzana con macas

Soy un gusano en la manzana hueca del tiempo.

Manzana prohibida

Miraba, esta tarde, por el ojo de una aguja, y allí, tras el infinito agujero pude ver, pude contemplar en toda su extensión el huracán, sí, el ojo del huracán que me guiñaba desde el pasado que se convirtió en presente y futuro para derrotar, a la vez, las mismas raíces del mismo: el tiempo, Adán escupió el bocado de Eva.

Manzana profiláctica

Si los gusanos me engulleran, mis dientes blancos serían cornejas,
o viejas urracas muertas.

Salvador Moreno Valencia©

sábado, 10 de abril de 2010

En mi mente

El monstruo se retuerce allá abajo
en mis entrañas suenan las vísceras  
devoradas, sangrientas,
el holocausto
no ha terminado 


Último poema de mi novela Buscando versos malditos

Pintura de mi autoría sin título.

domingo, 4 de abril de 2010

El misterio

 Foto E. de Juan

Tus ojos me miran con esa expresión entre perdida y compasiva
porque crees que soy un pobre desdichado
no sueñes con otros mundos paralelos
tres son uno, en uno vivo y en los tres muero

Poema incluído en mi novela Buscando versos malditos

viernes, 26 de marzo de 2010

El cónsul de Modogonor


Tengo una cita con los cónsules de Modogonor, país lejano e incierto, tan incierto que no se sabe con certeza si existe o no, pero sé que uno de sus reyes es Atanuminto Corilibri, que se destacó en la época panucarisa por sus ataques de risa, con lo que consiguió disuadir al pueblo de derrocarlo por serio.
salvador moreno valencia©

Fotografía del reino de Modogonor By: E. de Juan :



viernes, 19 de marzo de 2010

Tres orgasmos




Las nalgas de Casiopea

Ella se sentó a horcajadas. Él la contempló con su periscopio enhiesto como si fuera una estrella. La sombra del vello púbico lo hizo temblar. Pequeños copos de nieve comenzaron a danzar en la calle.

Glandes en su salsa

El escultor al ver aquellas zanahorias en el mercado pensó en penes esculpidos. Las compró y esculpió sobre ellas glandes tan reales que parecían verdaderos. Por la noche llegó su invitada. El anfitrión descorchó el vino escanciándolo en un recipiente de cristal de Majórica, luego sirvió penes cocidos con salsa de zanahorias.
Pequeños copos de nieve siguieron danzando en la calle.

Vello púbico

Negro mentón de oro negro como una gruta misteriosa se asomaba con cierta timidez sobre el elástico de la braguita que la morena exhibía en su pretensión de que se viera su recién tatuada araña, justo a la derecha del principio de aquella selva, en la que cualquier cazador podría aventurarse con la posibilidad de ser devorado.
Pequeños copos de nieve dejaron de danzar en la calle.

sábado, 6 de marzo de 2010

El misterioso libro



Las hojas de las palmeras de agitaban como bailarinas extasiadas en un danza infinita sopladas por el viento que feroz ululaba como un desposeído de la razón. Al fondo de la pequeña calle apareció la negra silueta de una persona. Solitaria la calle, azotadas por el viento las farolas creaban una tenebrosa escena de figuras chinescas. El agua caía con fuerza precediendo a otro diluvio, menos bíblico. La figura se fue haciendo enorme al ir acercándose. Un hombre de dos metros de altura, con el rostro redondo, los ojos entrecerrados por efecto inconsciente, las manos dentro de la gabardina de color gris oscuro. Los labios apretados en un rictus casi beatifico, las mandíbulas apretadas como queriendo retar al viento y a la lluvia. Su sombra se hizo omnipresente zigzagueando se deslizó hasta la esquina. Las hojas de las palmeras siguieron su danza endiablada como bailarinas rusas en decadencia y dopadas con alguna botella de vodka.

Cien metros más abajo. El viejo librero decidió dar por acabada su jornada laboral, aunque él era de esos lectores empedernidos que viven, trabajan, y mueren por la literatura, lo único que le había faltado, al viejo librero, había sido haber tenido la capacidad de escribir, cosa que había sido imposible, sin embargo era un lector incansable, un roedor de galeradas como el viejo Borges, un infatigable lector ávido de lectura; por ende, leía, leía, casi las veinticuatro horas del día. El viejo librero apagó las luces de su pequeña librería. Cerró la puerta con llave un día más, ya llevaría unos catorce mil seiscientos días haciendo la misma operación. Pero esta noche se ha entretenido algo más por haber recibido la visita de un escritor amigo de todos los tiempos, escritor que le ha dejado un misterioso libro, al menos eso es lo que le ha dicho, toma este libro Anastasie, y guárdalo bajo llave, es un libro muy valioso, pero no lo vendas, ni lo entregues a otro que no sea el doctor Paterson. Y luego de despedirse se ha ido, él se ha quedado como siempre ordenando la tienda, si a eso se le puede llamar orden, porque en la librería de viejo impera el caos, como si allí se hubiera dado cita el universo entero que se construye y destruye constantemente.

La mole de dos metros con el rostro entre infantil y alelado, saca la mano del gabán empuñando un revólver, y, sigilosamente, dejando su sombra tras él como una espía misteriosa, se acerca a la librería de viejo. El viejo Anastasie termina la operación de cerrar y dando media vuelta, sin intuirlo, encara al mazacote que con el rostro algo desencajado le apunta con la pistola.

-Déme el libro misterioso que le han entregado hoy- apunta nervioso debatiéndose entre el mal y el bien, o al menos entre lo que el gentil mastodonte entiende por ello.
-Qué libro misterioso ni diablos- responde el viejo librero sin inmutarse como si su asaltante fuera un personaje de ficción y él el escritor que lo ha creado y tiene el absoluto control sobre el mismo.
-No se haga el valiente y déme el libro, no se lo diré más- amenaza el matón, temblando si cabe, aún más. Las hojas de las palmeras siguen en su danza infinita arrebatas ya de razón, y fundiéndose en un éxtasis sideral en los brazos del viento que grita en una especie de orgasmo cósmico.
-No sé de qué me habla- encara el viejo al grandullón y sin más se da media vuelta y sigue calle abajo perdiéndose al volver la esquina. El matón queda atónito debatiéndose entre el miedo a disparar, o enfrentarse a su jefe, que lo descuartizará por no haber conseguido lo ordenado. Pero, de todos modos, se dice el gigante, me descuartizaría porque si disparo a ese viejo testarudo no tendré el libro, y sin el libro mejor no aparecer ante el señor Seen.
El mazacote sigue debatiéndose en su dilema mientras el viejo librero entra en el café de Las Aguas, allí lo espera el señor Seen que hoy pagará un buen precio por el libro misterioso. Afuera, las palmeras, arrebatadas de pasión como amantes enloquecidos por el sexo, sucumben al atroz abrazo del viento. La lluvia deja gotas transparentes sobre los cristales de las ventanas de la taberna de Las Aguas, afuera se oyen disparos.



lunes, 1 de marzo de 2010

Arenas movedizas

el barco a lo lejos deja vislumbrar lo que podía ser un hilo de realidad…
la bruma de la tarde engulló la quilla del mismo y luego las velas fueron a formar parte de las nubes, el viento silbó en las rocas…   
en el horizonte negras nubes aventaban a las vacas, y un club de urracas sobrevoló los cimientos de mi existencia...
...la vida parece estar construida sobre arenas movedizas…

Poema incluido en mi novela Buscando versos malditos








Fotografía E. de Juan

martes, 23 de febrero de 2010

El delirio del viento

Fotografía de E. de Juan

abre los pétalos la flor ante la fina lluvia de tus ojos
y en la ventana caen sobre su tallo…
de avena cortado por los delirios del viento
como un grano de trigo que cae limpio al ser aventado por el hombre…

(poema incluido en mi novela Buscando Versos malditos)