Letras tu revista literaria

miércoles, 22 de febrero de 2012

Relatos del libro dosmásuna

1
Tais y la leyenda del farol nórdico

De lo cotidiano


Magdalena termina su trabajo de bollería. El centinela entra en su caseta, pone la televisión y se duerme con el murmullo de una discusión absurda. En el bosque el rostro desencajado de un animal se guía por el leve e intermitente resplandor que el farol nórdico produce en la oscuridad.

Magdalena apaga las luces y se introduce en la cama. El centinela se despierta excitado como si hubiera tenido un sueño erótico, sus manos están salpicadas de algo pegajoso, pero no es blanco, es rojo. Magdalena sueña con llanuras vírgenes e inmaculados prados donde retozan, alegres, unas bucólicas vaquitas.

El farol nórdico sigue bamboleándose en la espesura de la noche. Un búho ulula en el eco lejano de la oscuridad. El palo bien asido con su mano; el rostro iluminado con la intermitencia parece más terrible que en la misma oscuridad. La garra ase con fuerza el farol. Los dientes rechinan y se oye como tacones de claqué recorriendo el escenario a ritmo de la música.

Magdalena sigue inmersa en su celestial campiña. Un toro enorme aparece ante ella. Falo inhiesto. Mugido placentero y sus dedos corriendo como hormigas hacia el hormiguero. El centinela vuelve a buscar los rincones de la pesadilla y con un farol nórdico asido en la mano derecha, y un palo en la otra, mira, con ojos reveladores de sadismo, la dulce faz de Magdalena que unge las pezuñas del Tauro con satisfacción aprehendida por los siglos.

El viento se detiene en cada árbol para medir el tiempo. La corteza lo recibe como una concubina recibe a su amante en una noche de azorada desidia. Golpea el centinela en su sueño sobre la faz de la luna. Las estrellas manchas de sangre en la arena galáctica. Medea vierte el mágico veneno sobre la sien del argonauta, el centinela regresa eufórico a su reparador sueño. En el bosque la garra sigue aferrada al farol nórdico, y bate con furia sobre las entrañas de la oscuridad con el palo que asido a su otra garra saca astillas sobre el tiempo.

Magdalena no regresa, ha sucumbido al idílico paraje en el que yace tumbada bajo la sombra de una higuera centenaria, donde un antiguo sabio la toma en sus brazos para amarla.

Del libro de relatos dosmásuna. Comprar el libro: http://www.bubok.es/libros/16898/dosmasuna

lunes, 20 de febrero de 2012

Relatos del libro dosmásuna

Hasta ahora en este blog solo publicaba un poema los viernes. Pero he decido publicar un relato los lunes y los miércoles. Así que a partir de hoy tendréis un relato el lunes y otro el miércoles, y el viernes seguirá siendo para la poesía. Gracias por leerme.

Salvador Moreno Valencia
Escritor.

Os invito a leer el primer relato.


Diana corrió al bosque, y arrojó de él a Hélice, que había gustado el veneno de Venus.

La Divina Comedia

Dante

1


Tais y la leyenda del farol nórdico


El centinela marchaba con paso marcial. Se detuvo al oír un sonido que se salía de lo acostumbrado para él. Olisqueó el aire y un tufo como de animal se apoderó de su nariz. Cargó el arma y sigiloso se acercó a la alambrada que lo separaba del bosque.

En la cocina moldea la harina Magdalena con el tesón que le es peculiar de su carácter y mientras amasa canturrea una canción que aprendió en la escuela: ‘tiene mi niña los ojos verdes, ¡ay tan verdes como esmeraldas!, ¡verdes, verdes…!’

De la oscuridad del bosque saltan hacia la alambrada dos luminosos ojos; son los de un venado que acostumbra a acercarse todas las noches para que el centinela le de su ración de azúcar en forma de caramelo. Feliz el animal se deja acariciar por el centinela que se encuentra seguro tras la valla, nunca se atrevería a pasar al otro lado, aunque vaya con el arma y todo; no, tiene un miedo atroz a la espesura y negrura del bosque que parece que lo va a devorar si cruza la empalizada.

Magdalena ya tiene preparada la masa y metida en el horno para hornear el sabroso pan de nueces que tan sólo ella sabe hacer dándole el punto que nadie más sabe darle. Cuando ya ha dispuesto el horno: temperatura y tiempo, se queda mirando por la ventana, la oscuridad es tan intensa como la fogosidad de esos jóvenes a los que la testosterona los trae por la calle de la amargura; y en el fondo de toda esa negrura el bosque parece alzarse insolente con una prepotencia que desquicia a los que viven en sus orillas.

El venado, una vez satisfecho, vuelve al lugar que le corresponde para seguir en su paseo nocturno hasta llegar al amanecer al lago, lugar donde templará su cornamenta y afilará sus puntas para las peleas en la berrea. El centinela piensa en Magdalena y en la última vez que se vieron, ya hace unos meses, tantos como los que él lleva en el dichoso trabajo de guarda nocturno de una central térmica o algo parecido, pero que de momento no se encuentra en activo. Pasillos y pasillos solitarios y húmedos, patios enormes donde se asoman enormes tanques de no sabe qué. Él no hace preguntas, se limita a cumplir con su obligación, no están los tiempos para andar por ahí preguntando a quien le paga qué o para qué o cómo o quiénes… no es asunto suyo; él llega a las doce de la noche y se marcha a las doce de la mañana, así un día tras otro, sin descanso, pero no están los tiempos para…

La alarma del horno ha comenzado a sonar y Magdalena deja su otra tarea, la costura, y entra en la cocina para retirar del horno el pan que ya está en su punto. Al abrir la puerta del horno el olor a pan recién hecho invade toda la estancia y su nariz festeja ese dulce aroma de nueces. Tras la ventana, en la oscuridad del bosque una luz aparece y desaparece como haciendo señales. Una garra ase la lámpara nórdica de la que procede la luz intermitente, la mano libre ase un palo de madera, y entre destello y destello un rostro descarnado es iluminado con la misma intermitencia con la que iluminan los faros en las costas…

Del libro de relatos dosmásuna. Comprar el libro: http://www.bubok.es/libros/16898/dosmasuna

viernes, 17 de febrero de 2012

Las musas en el aire

Fotografía E. de Juan


Por aquí refugiado en la torre a lo Montaigne

dejé la organización de recitales y ferias,

ahora me dedico a la vida contemplativa

algo misántropo, y con pocas ganas de alternar

en saraos literarios y demás parafernalia.



De Lara, la asturiana de Cádiz no sé nada,

llevo tiempo sin tener noticias suyas

parece que se la ha tragado la tierra,

de momento.



A Madrid me gustaría ir en julio

que tengo vacaciones de familia,

ésta se marcha a Legoland,

y yo quedo a la deriva del tiempo

para mí solo.



¡Ah Silvina!, mi gran musa,

mi gran amor platónico,

siempre tan bella y radiante.



Echo de menos los días de Madrid

con sus ruidos y locuras,

en fin, que ahora escucho pájaros

en el jardín, leo, leo, y escribo poco

para bien de la necedad, y la ignorancia

que son las que gobiernan el mundo.



Me quedo con Dostoievski

cuando dice:



“No he conseguido nada, ni siquiera ser un malvado;

no he conseguido ser guapo, ni perverso;

ni un canalla, ni un héroe…,

ni siquiera un mísero insecto.

Y ahora termino mi existencia en mi rincón,

donde trato lamentablemente de consolarme

(aunque sin éxito)

diciéndome que un hombre inteligente

no consigue nunca llegar a ser nada

y que sólo el imbécil triunfa.

Sí, señores, el hombre del siglo XIX

tiene el deber de estar esencialmente despojado de carácter;

está moralmente obligado a ello.

El hombre de carácter, el hombre de acción,

es un ser de espíritu mediocre.

Tal es el convencimiento que he adquirido en mis cuarenta años de existencia.”


 Del poemario Cuadernos de la huida, de Salvador Moreno Valencia.

viernes, 10 de febrero de 2012

Los otros


El sonido que hace el agua en la fuente me hipnotiza.
Fotografía E. de Juan


La tarde me envuelve en un éter violeta
exhibiendo en su escaparate al mundo.

Veo pasar la gente con prisas, como si llegaran tarde a una cita.
Escribo sobre lo observado, escribo sobre el agua
que en la fuente incansable, e interminable brota como el río de gente que pasa apresurada.


Viene a mi memoria un cuadro de Goya
donde dos hombres se apalean sin descanso
parecen dos personajes de Faulkner

tan necios, tan tercos, despojados de sentido común.

Los otros, quizás también hayan caído hipnotizados por el sonido del agua.


sábado, 4 de febrero de 2012

A lo lejos

Fotografía E. de Juan

Góngora, Quevedo, Lope y Cervantes:
Borrón y verso nuevo.



Abre sus alas el Hombre y como Fénix remonta el vuelo.

Surca los cielos obscuros sobre tierras cenagosas, a lo lejos,
más allá de lo que sus ojos abarcan, existe un mundo que desconoce la palabra.


Ciegos,

Sordos,

Mudos: necios

Un mundo que desconoce la Palabra
Un mundo de sonidos guturales

Mundo que una vez, conoció la belleza
y la riqueza tallada por la Palabra.

 El Hombre despojado de la Palabra no surgirá como el Fénix de sus cenizas.


Del Poemario Cuedernos de la huida (Salvador Moreno Valencia)



viernes, 27 de enero de 2012

Plaza Hispanidad Café

El misterio de la luz
habita en los objetos.
Fotografía E. de Juan











Mas las sombras abrazándolos
Los hacen desaparecer.

domingo, 22 de enero de 2012

Los restos del naufragio

Fotografía E. de Juan


El día transcurre lento con su eterno tictac.


En el transcurso del mismo observo el vuelo de algunos pájaros

Y me pregunto: ¿Todavía quedan pájaros?


Una abeja que revolotea

sobre unas brillantes flores amarillas

me despierta de mi ensoñación.
 

Por la tarde, ya cercano

El ocaso, el sol defeca

Los restos del naufragio

Sobre un horizonte bañado en la tiniebla de la tarde.


El tictac eterno del día que transcurre lento al fin se detiene.


Del poemario Cuadernos de la huida de Salvador Moreno Valencia

viernes, 13 de enero de 2012

El Dragón blanco perece


Aquénó se yergue sobre sus cenizas como Ave Fénix.

Fotografía de E. de Juan

Escupiendo la imagen de un mundo tenebroso
donde la oscuridad se abre camino desde las fauces del monstruo.

El fuego rojo escupido por su boca
destruye paraísos violetas
donde danzaban, alegres, indefensos seres.

Aquénó ha vencido
instado por su egoísmo, su yoismo exacerbado
ajeno a los gritos cierra bocas y oídos con su fuego nuclear,
que tan solo a él le es permitido usar, por su ley.

Seres inocentes han gritado, pero existe la certeza de que no han sido ni oídos ni mirados cuando caían como flores muertas sobre las aceras mojadas por la ácida lluvia, hija del gran ataque nuclear vomitado por las fauces de Aquénó.

(Del Poemario Cuadernos de la huida de Salvador Moreno Valencia)

sábado, 7 de enero de 2012

Una mirada suya bastaría...

Fotografía E. de Juan

La Esencia es Ella en su plenitud de vida. 

Dedicándome una sola mirada
tras la leve sonrisa que oculta sus deseos.

Custodiada por su efebo como la diosa Erees*
solo me queda soñarla, jamás alcanzaré sus favores
aun conociendo sus deseos a pesar de su custodio.

El suelo se abrirá bajo nuestros pies de barro
caeremos, caeremos enloquecidos por el deseo
sobre una tupida selva de
polidrondros*
en la que sucumbiremos al Amor.
La Plenitud es Ella y su mirada la Esencia para salvarme.

*Erees, diosa de la mitología Vannüenate que representa la fertilidad.

* Polidrondros fruto del Polidrondro, árbol vespal ya desaparecido que crecía en las riberas del río Ereestes en las tierras de Vanüenat. La leyenda dice que la diosa Erees cogió sus frutos para llevarlos al sur de Vanüenat, donde un inmenso desierto se abría paso hacia el norte dejando tras de sí los vergeles convertidos en páramos. Ésta sembró los huesos del Polidrondro en el yerto y desolado erial, pero el dios Poletees que había sido rechazado por la diosa, envío un ejército de Guanacos para que los comieran y así sucedió…


(Del poemario Cuadernos de la huida)


jueves, 29 de diciembre de 2011

Apaguemos la luz


Fotografía E. de Juan


Con este poema participo del cuarto Concurso de Poesía de Heptagrama.

Salvador Moreno Valencia
Español


Apaguemos la luz, y después
apaguemos la luz.
Edward De Vere (Otelo)

Somos Ausencia.



Intervalo de tiempo
consecuencia de una gran explosión.



El origen de un Todo
que conforme avanzamos
más se asemeja a un Nada.



La Nada absoluta e imperecedera
todo lo que nunca Es
porque se transforma
a cada milésima de segundo un giro en esa Nada inconmensurable.



Apaguemos la luz y dejemos solo la Ausencia.

(Del poemario Cuadernos de la huida de Salvador Moreno Valencia)