Saltan alegres los hombres
Altas nubes oscuras
Lluvias torrenciales acechan
Velando la visión del
Alma.
Dando la vida
Obsequiada a la
Razón y a la locura.
Salen alegres los hombres
A la luz desde el abismo
Luces llenando la
Vida, luces llenando las
Almas.
Dones de toda existencia
Obsequiados para los caminos
Retornos idénticos, siempre furtivos.
Letras tu revista literaria
viernes, 12 de noviembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
La insatisfacción
La lluvia, para algunos,
paréceles triste, y
se derrama en su corazones
la melancolía como una cucharadita
de miel
sobre una humeante taza
de té.
Lloran en un gesto comparativo
como queriendo ser lluvia también.
Pero la lluvia cae ajena a ellos,
y,
seguirá cayendo,
ni triste
ni alegre
sino siendo un detalle más
de este grandioso escenario
donde interpreta sus mejores obras
la naturaleza.
El otoño, para otros,
paréceles triste, y
caen sobre sus corazones
las doradas hojas
iluminando las sombras,
pero ellos
sólo sienten tristeza.
El invierno, para aquéllos,
paréceles frío y lúgubre
como si en sus ojos
las lágrimas
se convirtiesen en carámbanos
de un azul brillante que,
lejos,
para ellos,
de parecerles bellas lágrimas de Océano,
parécenles horribles y funestas dagas.
La primavera y el verano, a éstos,
parécenles alegres y jubilosos,
sin embargo hasta la belleza de ambos
se les antoja insuficiente.
Tanto los primeros, como los segundos, los terceros y los últimos,
padecen una tristeza de corazón
de la que no saben desprenderse.
paréceles triste, y
se derrama en su corazones
la melancolía como una cucharadita
de miel
sobre una humeante taza
de té.
Lloran en un gesto comparativo
como queriendo ser lluvia también.
Pero la lluvia cae ajena a ellos,
y,
seguirá cayendo,
ni triste
ni alegre
sino siendo un detalle más
de este grandioso escenario
donde interpreta sus mejores obras
la naturaleza.
El otoño, para otros,
paréceles triste, y
caen sobre sus corazones
las doradas hojas
iluminando las sombras,
pero ellos
sólo sienten tristeza.
El invierno, para aquéllos,
paréceles frío y lúgubre
como si en sus ojos
las lágrimas
se convirtiesen en carámbanos
de un azul brillante que,
lejos,
para ellos,
de parecerles bellas lágrimas de Océano,
parécenles horribles y funestas dagas.
La primavera y el verano, a éstos,
parécenles alegres y jubilosos,
sin embargo hasta la belleza de ambos
se les antoja insuficiente.
Tanto los primeros, como los segundos, los terceros y los últimos,
padecen una tristeza de corazón
de la que no saben desprenderse.
jueves, 28 de octubre de 2010
Los delitos menores
Los delitos menores pasean
por los pasillos del juzgado.
Se sientan, fuman,
se levantan y sueñan:
¿qué será eso que llaman libertad?
por los pasillos del juzgado.
Se sientan, fuman,
se levantan y sueñan:
¿qué será eso que llaman libertad?
viernes, 22 de octubre de 2010
Amargo trago
La espera en el callejón sin salida de la botella,
y me dormía con el dulce sabor de sus labios ausentes.
La veía en los cubitos
de hielo en el vaso de ron:
onírica;
fundición, fragua de mis deseos.
La aspiraba en cada calada de cigarro,
llenaba mis pulmones de ella,
tosía en las noches frías
sin su boca en mis labios.
La llenaba lentamente
de líquido de Baco
y vaciaba su interior en el callejón sin salida
de la botella que me absorbía.
sábado, 9 de octubre de 2010
Dieciséis primaveras
Ella era ante el espejo
Una tierna mirada
De profunda belleza;
Pero sus ojos
Veían monstruos
En vela acechando
Para su golpe efectivo.
Ella era bella
Pero se sentía horriblemente
Fea;
Luego la abandonó
Su autoestima
Y soñó pedregosos
Caminos;
Se tatuó con sangre
Sobre sus azules venas
Una cuchilla afilada
Que la devolvió
Al mundo de las marcas,
Malvadas Hadas de este tiempo.
Del Poemario Tenue Poseidón
jueves, 30 de septiembre de 2010
Llega el otoño
domingo, 26 de septiembre de 2010
Agua
¿A dónde iré con el paso de los días?
¿A dónde la corriente me lleve?
¿Es corriente de agua, ese sinuoso movimiento de tus caderas?
¿Son olas tus ojos que se asoman al mar?
¿A dónde la corriente me lleve?
¿Es corriente de agua, ese sinuoso movimiento de tus caderas?
¿Son olas tus ojos que se asoman al mar?
Agua, agua que late en ti.
Agua, agua que me azota.
En los reflejos brillantes de una gota de lluvia, agua.
En los destellos de una lágrima, agua.
En las hojas de los árboles, agua.
Agua, agua que me azota.
En los reflejos brillantes de una gota de lluvia, agua.
En los destellos de una lágrima, agua.
En las hojas de los árboles, agua.
Agua, agua que late en mí.
Agua, agua que te azota.
Eres riachuelo que nace en mis labios
y muere en el mar de mi amor.
Agua, agua que te azota.
Eres riachuelo que nace en mis labios
y muere en el mar de mi amor.
Eres la tormenta, y el rayo
que parte mi voz.
¡Agua, si yo fuera agua!
que parte mi voz.
¡Agua, si yo fuera agua!
Poema del poemario Barro en los zapatos, 1997
Foto extraída del artículo Agua
escrito por Maria Eugenia Estenssoro
Foto extraída del artículo Agua
escrito por Maria Eugenia Estenssoro
viernes, 10 de septiembre de 2010
Déjame
Déjame llegar a tu puerto frío.
Déjame calentarlo con el viento de mis velas,
déjame encallar mis días, y mis noches en tu amanecer de arena.
Déjame que yo también te sueñe en el universo,
donde la realidad se confunde con los sueños,
donde somos como estrellas que lejanas
se sienten, se aman.
Déjame encender la hoguera,
calentaré tu frío corazón.
Déjame que baje el sol
para que llene de luz la oscuridad de tu pensamiento.
Déjame que abrace la distancia,
para acercar tus besos a mi boca.
Déjame que sienta el latido de tu corazón
en mi pecho.
Déjame que sienta la respiración de tus labios
tan cerca que se confunda con la mía.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Tras la estela de tus pasos
Fotografía de E. de Juan
Sigo la estela de tus pasos
aunque pienses que ya te he olvidado, yo a ti no, y espero que tú tampoco a mí.
Eres un torbellino, o un tornado, por donde quiera que pasas dejas huella, y aunque pienses que no,
aún persiste en mí la que dejaste en mi corazón.
Sigo tu estela de gran persona, de esas, que yo sé, y que tú también sabes, no les cabe el corazón en el pecho.
El camino nos llevó por derroteros distintos, pero aún así, sigo tu estela porque la huella que dejaste en mi corazón todavía persiste.
Salvador Moreno Valencia
Sigo la estela de tus pasos
aunque pienses que ya te he olvidado, yo a ti no, y espero que tú tampoco a mí.
Eres un torbellino, o un tornado, por donde quiera que pasas dejas huella, y aunque pienses que no,
aún persiste en mí la que dejaste en mi corazón.
Sigo tu estela de gran persona, de esas, que yo sé, y que tú también sabes, no les cabe el corazón en el pecho.
El camino nos llevó por derroteros distintos, pero aún así, sigo tu estela porque la huella que dejaste en mi corazón todavía persiste.
Salvador Moreno Valencia
viernes, 27 de agosto de 2010
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